La máscara rota de Eruviel Ávila: La denuncia de violencia que el “exgobernador ejemplar” no pudo ocultar
Tras años de vender una imagen de cercanía y “gran señor”, la denuncia de su esposa expone el rostro de la violencia doméstica; el ahora senador del Partido Verde enfrenta el juicio social por ejercer aquello que juró combatir.
La imagen del político carismático, el “vecino de Ecatepec” que escaló hasta la gubernatura del Estado de México y hoy ocupa un escaño en el Senado, ha quedado pulverizada. La denuncia pública y legal interpuesta por su esposa, María Irene Dipp, por violencia de género, no es solo un asunto familiar; es la radiografía de cómo el poder político en México ha servido históricamente como una armadura para agresores. Eruviel Ávila Villegas ya no puede esconderse tras sus discursos de “paz y bienestar” cuando en la intimidad de su hogar la realidad era, presuntamente, una de control, humillación y violencia.
Es una burla sangrienta que un hombre que durante su mandato en el Estado de México vio cómo los feminicidios y la violencia contra la mujer se disparaban, hoy sea señalado por ejercer violencia contra su propia compañera. Esta denuncia pone en evidencia la hipocresía sistémica de un personaje que se la vive buscando siempre la protección del sistema. Para Eruviel, el servicio público parece haber sido solo una herramienta para alimentar su ego y su impunidad, mientras que en su entorno más cercano se gestaba un infierno que hoy sale a la luz gracias a la valentía de quien decidió no callar más.
La violencia ejercida por Eruviel Ávila es el reflejo de un machismo institucionalizado que se siente intocable. Resulta patético observar cómo la maquinaria política que lo rodea intenta minimizar la denuncia o tratarla como “un tema de pareja”. No se equivoquen: la violencia de género es un delito, y cuando proviene de alguien que redacta leyes para el país, es una traición absoluta a la nación. ¿Con qué autoridad moral sube al estrado del Senado alguien que es capaz de violentar a la persona con la que comparte la vida? La respuesta es simple: no la tiene. Su permanencia en el poder es un insulto a todas las víctimas de violencia en México.
El silencio de sus nuevos aliados en el oficialismo es cómplice. Si el Partido Verde y la coalición que lo cobija mantienen a Eruviel en sus filas tras estos señalamientos, estarán enviando el mensaje de que, para ellos, la agenda de las mujeres es negociable frente a los votos que un exgobernador cuestionado pueda aportar. Pero la sociedad ha despertado: ya no basta con fotos de familia perfectas y sonrisas de campaña. La denuncia de su esposa ha roto la máscara de Eruviel Ávila para siempre. Hoy, el “gran señor” de Ecatepec queda reducido a lo que realmente parece ser: un agresor que utilizó el poder para silenciar a su víctima, hasta que la verdad se volvió incontenible. Justicia para una, es justicia para todas; impunidad para Eruviel, es vergüenza para México.










