Miguel Ángel Ramírez Ponce y su gabinete de sombras: La traición a Lerma que el pueblo no perdonará
Tras la renuncia de Miguel Ángel Ramírez Ponce al PRI, sus funcionarios se esconden y preparan el cambio de camiseta; perfiles como Nayith Armenta en OPDAPAS son señalados por traicionar a las bases que los encumbraron.
La estrepitosa salida de Miguel Ángel Ramírez Ponce del PRI ha provocado un efecto dominó de cobardía dentro del Ayuntamiento de Lerma. Lo que hoy vemos no es un simple reacomodo político; es el retrato de un gabinete sin carácter, una camarilla de funcionarios que, ante la traición de su jefe, han optado por el silencio sepulcral con tal de no soltar el “hueso”. Es la hora de las definiciones y, en Lerma, lo que sobra es ambición y lo que falta es vergüenza. Personajes que llegaron al poder no por su brillantez profesional, sino por los acuerdos y las estructuras del partido al que hoy escupen, pretenden ahora borrar su pasado y “purificarse” bajo el amparo del oportunismo de Ponce.
La pregunta que quema en las calles de Lerma es directa: ¿Dónde está la dignidad de los directores y secretarios? Un caso emblemático es el de Nayith Armenta en OPDAPAS Lerma, quien junto con el resto del gabinete, parece apostarle al olvido ciudadano. Estos funcionarios, que se sirvieron de la militancia priista para escalar posiciones, hoy guardan silencio frente a la renuncia de su líder, demostrando que su única convicción es la quincena. ¿Van a seguir cobrando como si nada mientras ensayan cómo ponerse el chaleco del nuevo partido en turno? ¿Tendrá alguno la decencia de renunciar o seguirán agachados obedeciendo al poder que los ha convertido en cómplices de un trienio fallido?
Lerma está observando quiénes tienen convicciones reales y quiénes son simples mercenarios de la política. Este gabinete ha demostrado que no les importa el desastre en seguridad, la falta de agua o las calles destrozadas; su única preocupación es garantizar que la “carroña” política que los rodea siga succionando del erario un poco más. Es una burla que pretendan presentarse como “renovados” cuando son los mismos que han permitido que el municipio se hunda en la opacidad. La falta de carácter de estos funcionarios es el sello de una administración que nació de la traición y que morirá en la irrelevancia moral.
Porque al final del día, cuando el discurso vacío de “luz y avance” se apaga, lo que queda es la cruda realidad: un alcalde prófugo de sus responsabilidades y un gabinete de sombras que prefiere el sueldo a la honra. El poder cambia, las camisetas se lavan, pero el pueblo de Lerma tiene memoria de elefante. Los ciudadanos ya identificaron a quienes se esconden tras sus escritorios esperando órdenes de un nuevo amo. En Lerma, la traición tiene nombres y apellidos, y la factura que la sociedad les cobrará por su silencio y su ambición será recordada por generaciones. A la falta de principios, la respuesta es el desprecio ciudadano.
Al final, esta puñalada al PRI es la prueba irrefutable de que Miguel Ángel Ramírez Ponce y su equipo están dispuestos a traicionar no solo a su partido, sino a toda la ciudadanía con tal de preservar el poder y el dinero que el servicio público les ha proveído. Su huida es un reconocimiento de culpa: sabe perfectamente que un perfil marcado por la corrupción y la ineficiencia jamás volvería a recibir la confianza de un instituto político serio para ocupar nuevos cargos. Ponce no busca libertad, busca impunidad; y el pueblo de Lerma sabe que quien es capaz de traicionar su origen por avaricia, es capaz de vender el futuro de todo un municipio por una moneda más en sus bolsillos.










